¿Tienes contracturas? Aprende a prevenirlas y cuál es el mejor tratamiento.

Las contracturas musculares son uno de los problemas más frecuentes con los que nos encontramos los fisioterapeutas en los pacientes. El nivel de estrés a que nos enfrentamos en nuestras vidas diarias es uno de los grandes responsables de su aparición, aunque son muchas las causas que las propician.

¿Qué es una contractura?: Se trata de un músculo o un grupo de fibras que está permanentemente contraído de manera involuntaria. Como consecuencia, encontramos una zona más rígida, dolorida, que nos cuesta mover y que nos produce cierta incapacidad en nuestras tareas habituales. Hay gran cantidad de causas, las más frecuentes relacionadas con las malas posturas mantenidas, la falta de estiramientos o una mala técnica deportiva, la elección incorrecta de almohada y colchón, la fatiga, el estrés y los sobreesfuerzos. La mayoría de las contracturas son benignas y desaparecen con un adecuado tratamiento.

Frente a las contracturas, lo mejor es la prevención. La mejor manera evitarlas es realizar ejercicio físico para mantener la musculatura en un estado óptimo. En cuanto a las malas posturas, hay que corregir la posición y evitar mantenerla mucho tiempo, parando a hacer estiramientos y ejercicios suaves cada 2 horas. De esta manera, disminuirá la fatiga, los músculos se oxigenarán y las articulaciones se moverán quedando liberadas (de especial interés para estudiantes, trabajos de oficina, oficios que necesitan de posturas sedentarias mantenidas muchas horas…). Los deportistas, deben poner especial atención en el calentamiento y los estiramientos antes y después del ejercicio, y evitar la sobrecarga y los ejercicios forzados por encima de nuestras posibilidades. La actividad debe ser coherente con nuestro nivel de entrenamiento. En lo relativo al estrés, la actividad física nos ayudara a reducir los niveles de ansiedad y nerviosismo, contribuyendo a la mejora de nuestra salud y del estado de nuestra musculatura.

Cuando ya ha aparecido la contractura, lo mejor es llevar a cabo un adecuado tratamiento. Lo primero es identificar qué es lo que causa la contractura para que no vuelva a suceder, o al menos, poder aprender a controlar la aparición. Por ejemplo, si tenemos una contractura en el cuello por pasar demasiadas horas delante del ordenador, debemos ser conscientes de que hay que parar de vez en cuando, cambiar de postura y realizar ejercicios durante unos minutos cada cierto tiempo. De esta manera, reduciremos su aparición y probablemente los síntomas. Una vez iniciado el proceso doloroso, podemos aplicar calor en la zona afectada, durante 20 ó 30 minutos. Desde hace tiempo, sabemos el reposo absoluto es más dañino que beneficioso, no debemos fomentar la inactividad de una zona que se encuentra contracturada, por tanto, hablaremos mejor de un reposo relativo, en el que evitaremos hacer esfuerzos o movimientos que aumenten los síntomas sobre todo en los primeros 2 ó 3 días. La actividad y los ejercicios que realicemos deben ser suaves y progresivos proporcionalmente al dolor, sin sobrepasarnos. Cuando el dolor es importante, podemos tomar analgésicos y en el caso de que el médico lo considere, algún relajante muscular, siempre bajo prescripción médica (hay una gran tendencia a tomar fármacos que en muchos casos no son necesarios y que hay que administrar con cuidado). Cuando la contractura persiste, el dolor es exagerado o aparecen otros síntomas como hormigueos, pérdida de fuerza o insensibilidad, la mejor opción es acudir al fisioterapeuta, que nos ayudará a tratar el problema y solucionarlo, además de darnos consejos útiles sobre cómo evitarlo. Contrariamente a lo que algunos piensan, el tratamiento de las contracturas por el fisioterapeuta no tiene porqué ser muy doloroso, por lo que no hay que tener miedo a tratarse y pensar en los beneficios y en la mejora de nuestra salud.

Una contractura no es más que una señal que envía tu cuerpo para protegerte de una actividad o hábito que es perjudicial para él. Escúchalo, haz una buena prevención y tu salud lo agradecerá.

Paloma Broceño Caminero. Fisioterapeuta.